Evidentemente,
Por eso siguen siendo socios en RAESA y nosotros… tenemos el corazón “partío”. Por un lado, una parte de nosotros (los sencillos trabajadores) se deja seducir por el lado prieto y grandilocuente de la multinacional: expansión mundial, crecimiento exponencial, presencia globalizada. Nos acarician con tiernas palabras como EBITDA (Earnings Before Interest, Taxes, Depreciation and Amortization), o la más castiza: “beneficio neto”.
Confiamos, entonces, en que RAESA siga aportando su luz propia a esa galaxia tan ubérrimamente “chachi” que es AREAS, contribuyendo así a la pujanza económica de este neoliberalismo transnacional, y por ende, al saneamiento del déficit presupuestario de Barajas. Pensamientos patriotas, casi abertzales, de empleados entregados a la “causa”, fusionando los intereses económicos del Ministerio de Fomento y la Generalitat Catalana.
Pero claro, algo tan bello tiene que cojear por algún lado prosaico y terrenal. Y esa parte mundana tira de nosotros, los sencillos trabajadores, con miras constreñidas y planteamientos delgados, y nos preguntamos:
¿Qué hay de lo nuestro?
En estos megaplanes, ¿no se habrán olvidado de los trabajadores de RAESA? ¿Qué hay de nuestra soldada, de nuestro standing?
Esperamos que nuestros intereses no sean tan diferentes ni contradictorios, y que no estemos ante lo que podríamos denominar un divorcio en la unidad de destino, a raíz de la contradicción que representa la eficiencia económica a este nivel.
Y que AENA y AREAS no piensen jugárnosla en este juego de “chinos” con las monedas que encierran en sus manos. Porque ellos cuentan con la certeza de las monedas que ellos mismos pueden llevar, y sabiendo esto, el éxito se alcanza más fácilmente acertando el número total de monedas, dejando solo a los trabajadores como los perdedores. Que seamos nosotros quienes paguemos la ronda.
Y evidentemente, nosotros a ese juego no jugamos.


