La actual dirección del Partido Popular, encabezada por el multirreincidente fracasado politico de Alberto Núñez Feijóo, está demostrando una preocupante inutilidad política que arriesga la propia relevancia y el futuro inmediato de su formación.
El principal error de su equipo ha sido abandonar la centralidad y el perfil de partido de Estado, una identidad que históricamente le permitía ofrecer una alternancia institucional estable y de garantías democráticas para sus votantes y una relativa tranquilidad institucional, para sus oponentes.
En su afán por alcanzar el poder a cualquier precio, la estrategia del PP está favoreciendo directamente a Vox. Al normalizar y asumir sus discursos, Feijóo no lidera, sino que dobla la testuz y allana el camino a una extrema derecha que crece a costa de la debilidad de su partido, poniendo en riesgo la convivencia y los avances democráticos en España.
Un proyecto político que actúa de forma tan caótica y tan errática no ofrece confianza para el futuro del país.
Frente a esta deriva que fractura a la sociedad española, la verdadera alternativa de progreso se encuentra en las políticas sociales de la izquierda democrática.
Mientras unos se enfangan en disputas de poder y concesiones al extremismo, el enfoque progresista demuestra con hechos que es posible gobernar priorizando el bienestar común: fortaleciendo los servicios públicos, protegiendo los derechos laborales y garantizando que el crecimiento económico beneficie a la mayoría.
España merece una gestión orientada a la cohesión social, la igualdad y el respeto constitucional, valores que hoy solo asegura una izquierda real y comprometida en la práctica con las necesidades reales de la ciudadanía española.






