lunes, 24 de octubre de 2022

Reflexiones irreflexivas.




Tengo una certeza

Vamos hacia una sociedad en la que la propiedad privada dejará de ser central y acabará convirtiéndose en algo anecdótico. No desaparecerá de golpe, pero será progresivamente sustituida por un modelo en el que primen los servicios, en su mayoría públicos, como eje de la vida colectiva.

No se trata de una utopía ideológica, sino de una consecuencia directa de la realidad material: la escasez de recursos, la superpoblación y un planeta finito, profundamente degradado, no dejan muchas alternativas. El modelo basado en la acumulación individual y el consumo ilimitado ha chocado contra sus propios límites.

China lleva años actuando bajo esta lógica, no desde el discurso moral, sino desde la planificación: menos énfasis en la propiedad y más en el acceso, el control y la gestión de servicios esenciales. Puede gustar más o menos su sistema político, pero conviene no ignorar que ha entendido antes que otros hacia dónde se mueve el mundo.

En Occidente, y especialmente en Europa, algo empieza a moverse. La pandemia, la guerra, el posterior deterioro económico y la evidencia cada vez más palpable de la emergencia climática han acelerado un cambio de mentalidad. En el mundo global que nos rodea se intuye una convergencia inédita: socialdemocracia y liberalismo comienzan a coincidir en un punto esencial. Con un único planeta, finito y compartido, el único camino racional es universalizar los servicios públicos.

El modelo de usar y tirar nos ha traído hasta aquí. Ya no hay marcha atrás; solo queda gestionar las consecuencias. Detener el ansia permanente de consumo no es una consigna moral, sino una necesidad material. Los recursos del planeta son limitados y deben orientarse al usufructo colectivo a través de servicios públicos eficientes, accesibles y universales.

Ese es, nos guste o no, el único camino que le queda a la humanidad: reducir el peso de la propiedad privada como eje social, reorganizar el acceso a los recursos y apostar por un modelo que permita, sencillamente, sobrevivir.






P.D. (La opinión la he formado, a través del convencimiento al que he llegado tras conocer el pensar de personas vinculadas a la Sociedad Civil, ni Partidos politicos, ni Sindicatos, parecen aún muy receptivos a esta tendencia del pensamiento que tiene su proceder del ámbito de las ONGs, no solo en España sino en el resto del Mundo, es una opinión que se esta extendiendo muy rápido, estas ONGs que desde el terreno conocen la realidad de los problemas y sus soluciones apuntan en esa dirección, un Planeta donde lo que primen sea la universalidad de sus recursos, una propiedad privada testimonial y una Sociedad de Servicios Públicos que redistribuya la riqueza del Planeta).